Cosas para no hacer en pareja
Cosas para no hacer en pareja
Al principio de una relación todo va bien. Todavía no hay obligaciones, estás deseando volver a ver a esa persona, sólo conoces su lado bueno -o, al menos, no te interesa fijarte en el malo- y sueles compartir sólo momentos de placer.
Sin embargo, con el paso del tiempo, llega ese punto inevitable en el que hay que dar un paso adelante y estabilizar la relación o, por el contrario, dejar todo en suspenso y que los momentos juntos se diluyan y acaben alejándose el uno del otro. En los casos en los que se decide formalizar la relación, es cuando empieza el verdadero reto, porque es cuando se decide construir un proyecto común y compartir algo más que momentos de placer. El éxito o el fracaso de las parejas puede depender, en cierta medida, de factores externos, pero el garante de su mantenimiento en el tiempo radica en la actitud de los amantes, no sólo entre sí, sino también hacia ellos mismos y hacia los agentes externos mencionados. La historia de la media naranja perfecta con la que todo funcionará a la perfección porque existe una compatibilidad total no existe. Estar obsesionado con que todo el mundo haga el 50% sólo generará conflictos y estarás más preocupado por lo que haces o dejas de hacer. Puede que tengan más afinidad de la habitual, pero lo cierto es que han sido capaces de llegar a acuerdos para que la relación fluya en los buenos momentos y relativizar los malos. Son estos pequeños actos los que les permiten vivir más armoniosamente día a día.
Los niños no son lo único
No es raro que cuando nacen los hijos, las parejas centren todos sus esfuerzos en ellos. Los pequeños deben ser una parte importante de la familia, pero también hay que reservar tiempo para alimentar la relación de amor entre unos y otros. "El horario semanal no debe limitarse a las clases, las actividades extraescolares y el deporte de nuestros hijos", dice Lana, una madre que cree que la llama de la pareja debe mantenerse aunque ya haya hijos.
No te obsesiones con el reparto equitativo
Si salís a tomar algo un viernes, no os toquéis al día siguiente. Si uno lava los platos durante una semana, el otro no debe hacerlo durante los días siguientes, y así sucesivamente. Obsesionarse con que cada uno haga el 50% sólo generará conflictos y el otro estará más pendiente de lo que uno haga o deje de hacer. Lo importante es que todos den lo mejor de sí mismos. "No hay una escala para medir una relación feliz, las parejas deben querer lo mejor para el otro", subrayan los autores del libro 'Salvar tu matrimonio antes de que empiece' (Zondervan. 2006), Les y Leslie Parrot.
No os ignoréis
El afecto suele darse por sentado en una relación, pero también hay que demostrarlo. Pequeños detalles como darse los buenos días, besarse o acariciarse cuando se está o no decaído son esenciales en el día a día. Por muy trillado que esté el dicho "el tacto hace el amor", lo cierto es que contiene mucha verdad.
No busques el mejor momento
Está claro que las carreras profesionales y las obligaciones laborales disminuyen el tiempo para uno. Esta falta de tiempo tiene que multiplicarse por dos cuando se trata de encontrar espacios comunes en la pareja, más aún si hay hijos de por medio. No siempre es fácil encontrar un momento para dar rienda suelta a las pasiones, pero hay que ser consciente de que hay que buscar y provocar la situación adecuada, porque no siempre es fácil que llegue por sí sola. Es esencial que cada uno ponga de su parte, porque pueden pasar meses antes de que uno pueda hacer esa deseada escapada a una casa rural perdida de la mano de Dios.
Nunca te burles de ti mismo
Las bromas y el humor pueden ser un generador de buen rollo en la pareja, pero con la condición de que no se conviertan en sarcasmo. Las burlas no sólo no sientan bien a la persona que las recibe, sino que suelen ocultar frustración o resentimiento. "Este comportamiento nunca acaba bien", dice María, una mujer que lleva 17 años casada con su pareja.
No critican a su pareja
Está claro que la crítica constructiva es una de las mejores maneras de conocerse y llegar a un terreno común, pero el prestigioso autor y psicólogo John Gottman tiene claro que la crítica no tiene nada que ver con ser crítico con la pareja.
Las burlas, además de no sentar bien a la persona que es objeto de ellas, suelen enmascarar la frustración o el resentimiento de uno hacia el otro Lo primero es partir de un hecho particular para explicar una situación incómoda, lo segundo es una queja general, dañina y sin fundamento. "No es lo mismo decirle a tu pareja que estás preocupado porque ha llegado tarde y no te ha llamado, que reñirle por lo ocurrido diciendo que no crees que sea olvidadizo, sino egoísta porque no piensa en ti", dice Gottman.
No compares
"Marta le ha regalado a Marcos esta preciosa moto, tú no me haces estos regalos", quizá el ejemplo sea un poco exagerado, pero la realidad es que no es raro recurrir a la comparación para criticar el funcionamiento de una relación. La comparación no tiene por qué ser negativa, pero no se debe abusar de ella en relación con los agentes externos. Cada pareja tiene sus propias reglas y peculiaridades, por lo que es más prudente comparar desde un momento anterior y observar cómo ha evolucionado la propia relación, en lugar de la de los demás.
No sólo quieren a sus hijos
Para un padre, los hijos son su tesoro más preciado y su afecto es tremendamente gratificante, pero al igual que todos los esfuerzos de la pareja no deben centrarse en las actividades de los niños, tampoco hay que reservarles todo el afecto. El amor entre padres e hijos nunca debe sustituir al amor de pareja.
No te estreses por las discusiones
Las peleas no son algo deseable, pero no es raro que una pareja tenga sus altibajos. Un error común es dar a estos momentos más importancia de la que realmente tienen. No hay pareja que soporte que cada enfrentamiento se convierta en una crisis que pueda acabar con la relación. Si nos paramos a pensarlo, ¿cuántas peleas importan realmente? En un entorno sano, las fricciones deben considerarse parte de la convivencia, y a veces ni siquiera es necesario buscar una solución. Es esencial identificar los verdaderos problemas y relativizar los pequeños desacuerdos.
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